Eran dos maridos engañados, compadres entre ellos. Cada uno sabía lo de su compadre pero
no lo suyo. Ambos querían informar al otro de su mal, pero la tarea era muy
delicada y difícil. A uno de ellos se le ocurrió una forma sutil de hacerlo; se
fue a un matadero y consiguió una cantidad considerable de cuernos, llenó una
bolsa, se fue a casa de su compadre y la derramó frente a la puerta. El hombre
de la casa salió y le dijo: Hola compadre, veo que acaba de recortarse.