Se mondan uno o dos tomates, que se pican finamente, y sofríen en una sartén con algo de aceite.
En seguida se añade el huevo, bien batido, y se cuece poco rato agregando la sal necesaria.
No hay que abusar de los tomates con los niños pequeños, pero de este modo se acostumbrarán a comer muy bien el huevo cuando están ya cansados de que se lo sirvan preparándolo de otra manera.